Archive | julio, 2011

La estrategia en la implantación de la contratación pública electrónica.

La estrategia es una palabra que de tanto usarla. y a veces usarla mal, ha perdido su mordiente, su verdadero significado.

Estrategia es todo aquello que nos permite seguir caminando hacia delante. Según el libro de  Richard Rumelt Good Strategy/Bad Strategy, la estrategia en su núcleo tiene tres elementos fundamentales:

  • un diagnóstico, cuanto mejor sea el diagnóstico y más información y conocimiento exista alrededor del mismo, más sencilla y clara aparecerá la estrategia.
  • una política que guía la acción y que es comunicada y entendida por todos los agentes que van a intervenir
  • una acción coherente que permite ir alcanzando objetivos parciales que están al alcance de la organización con un esfuerzo asumible y en línea con los objetivos definidos.

La presencia y calidad de estos elementos nos permite diferenciar entre estrategias buenas y malas.

En la trasformación que implica la implantación a la contratación pública electrónica se precisa de una estrategia. Esta estrategia ha de ser simple y coherente, para poder ser asumida y entendida por todos, aunque es probable que suscite resistencias, como todo cambio.

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La regla del gobierno de la arquitectura organizativa para la contratación pública electrónica.

La industria de las tecnologías de la información viene dando, desde hace bastante tiempo, señales de una necesidad cada vez más clara alrededor del gobierno de estas tecnologías. También se contempla la necesidad  de generar una arquitectura organizativa que tenga en cuenta todos los factores que se necesitan para el cambio y la trasformación constante, como modo de adaptación que nos va a permitir la sostenibilidad y el equilibrio. Estos factores son las personas, los procedimientos, las estructuras y las tecnologías (no sólo de la información pero también)

Todo esto sigue una regla que se cumple siempre en el gobierno de la arquitectura organizativa, según Nick Malik y es la siguiente:

Toda la arquitectura organizativa debe llevarse a cabo en función de la estructura de “propiedad” y gobierno que existe en la organización.

Esto en mi opinión, traducido a la implantación de la contratación pública electrónica, implica que el gobierno y las decisiones alrededor de la arquitectura organizativa debe ser realizada por la persona que asume la responsabilidad del servicio de la contratación pública.  

La contratación pública electrónica en un organismo (administración o empresa pública) que no tenga un dueño único y con una responsabilidad claramente definida no existirá una solución única y equilibrada, y por tanto existirán tantas soluciones como «dueños». Esto hará que no sea posible conseguir los beneficios declarados para la administración (eficiencia y eficacia) ni los declarados a nivel supranacional por la Comisión Europea (mercado único de contratación pública).

Se le pueden dar muchas vueltas pero la realidad es  persistente. Desde mi punto de vista ser “dueño” de la contratación pública es asumir, fundamentalmente, la responsabilidad de los resultados. Y esto no conlleva siempre el adecuado y necesario  control de los recursos.

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La modernización de la contratación pública pasa inexorablemente por la trasformación a la contratación pública electrónica.

Creo que una de las mayores preocupaciones a las que las administraciones dedican sus esfuerzos es a “cuidar” de los dineros públicos. Independientemente del resultado, y sabiendo que algunas veces es mayor la voluntad que el acierto, creo que existe un esfuerzo continuo en esta materia.

Alrededor de esta preocupación se ha generado legislación y procedimientos, y sobre todo una cultura que, basándose en las características del formato papel han generado el panorama actual en el que, aparentemente, nadie está muy satisfecho. Probablemente porque el órgano ha superado la función, una vez más. La burocracia ha perdido su esencia y se ha convertido en rémora.

El formato electrónico cambia todo. Sus características son distintas y en algunos casos opuestas al formato papel. Aunque  su manejo y compresión requieren trasformaciones de los usos y costumbres actuales que no se cambian fácilmente, representa la (única?) esperanza para modernizar la contratación pública.

La contratación pública en formato electrónico puede simplificar los procedimientos, porque la trasparencia en el formato electrónico está prácticamente garantizada. Esto no sucede en el papel donde los esfuerzos de trasparencia tienen que ser realizados a “priori”, porque una vez ejecutado el procedimiento “buscar” en papeles es muy complicado. No se trata de buscar en un único expediente,  sino en muchos y ser capaces de relacionar unos con otros.

Creo que el formato electrónico es el adecuado para dar respuesta a todos los deseos de modernización de la contratación pública. Lo que no significa que sea fácil ni automático. No lo  es. Pero es la herramienta que nos va a permitir alcanzar los resultados que “todos” esperamos de la contratación pública.

Ahora, es conveniente volver a recordar que la trasformación que habilita el formato electrónico en la contratación pública, no vendrá sólo de la mano de la tecnología, sino que habrá que modificar el resto de los factores:

  • personas y su cultura,
  • procedimientos y sus resultados (tarea, documento, expediente y firma electrónica)
  • estructuras y organización que acomoden el órgano (con herramientas y formatos nuevos) a la función.

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