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Algunas incoherencias en el escenario de la transición a la contratación pública electrónica

 

Ya ha pasado septiembre y hemos empezado el nuevo “curso”.

El tiempo sigue su curso (eso significa que seguimos vivos)  y cada vez están más cerca las fechas en las que el sector público español tiene que cumplir las leyes y realizar la contratación pública en formato electrónico: octubre de 2018. 54 meses después de la publicación de las Directivas y 82 meses después de la publicación de los libros verdes de contratación pública europea en noviembre de 2010 y enero de 2011.

Como era de esperar, vemos algunas incoherencias en el proceso de la transición. Estas son las incoherencias que yo percibo, pero puedo estar equivocado. Si algún lector cree que alguna de estas incoherencias no es tal, o que falta alguna, como siempre, tiene los comentarios para corregir o comentar lo escrito. Ahí van:

El estándar nacional CODICE o el estándar europeo CEN BII > CEN TC-440.

El año pasado, en septiembre, en la reunión de expertos europeos en la contratación electrónica que se celebró en la Universidad de Alcalá, el Ministerio de Hacienda informó que no seguía el estándar CEN BII, y que seguía el estándar nacional CODICE. Es una noticia preocupante (no he oído nada en contra en ningún sitio y dada la fluida comunicación del Ministerio en estos asuntos no hay que esperar nada bueno) y una gran incoherencia que estemos fraguando otro “ancho de vía” que habrá que corregir en un futuro…  

El workflow útil o el que tiene puntos y comas siguiendo el texto de la ley.

Los “talibanes” del procedimiento, que no se han enterado de las holguras que requiere la innovación que necesita el sector público, siguen queriendo incluir los puntos y las comas del texto jurídico  en el flujo de tareas. Tres meses después el super mega hiper workflow de contratación, que han hecho es un engendro que lleva a toda la organización a un infierno de procedimiento del que echarán la culpa a la tecnología….. Esta incoherencia consiste en diseñar procedimientos electrónicos sin tener ni idea de las características del nuevo formato, y en muchos casos, sin tener la más mínima intención de aprender….

La industria de la contratación pública o industria generalista.

Ahora hay muchos “iluminados” que quieren tratar el expediente electrónico con sistemas generalistas de gestión documental. Todavía no hemos aprendido, que no es lo mismo una gestión documental que una gestión de expedientes. Es la incoherencia de llegar tarde y en vez de recoger las experiencias previas, buscar información y conocer cuáles han sido los aciertos y los errores de los pocos que lo han intentado previamente, lanzarse a descubrir “el mediterráneo”… .

Los juristas se echan al monte y se vuelven tecnócratas o ignoran la tecnología.

El llamamiento de hacer el equipo multidisciplinar lo hemos convertido en que muchos juristas se han vuelto tecnócratas y quieren arreglar esto en “dos tardes”. El derecho es una cosa muy seria pero la tecnología es tanto o más serio y complicado que el derecho. Y también está moviendo el mundo con una transformación digital. Y esta transición es muy compleja.  La ignorancia es atrevida, pero la incoherencia de pretender minimizar los requisitos tecnológicos y que luego todo funcione como un reloj es demasiado pueril como para que sea la tónica que mueve la transición al formato electrónico de la contratación pública.

La industria nacional exportando o la industria extranjera “conquistando” España.

En el pasado Congreso Nacional (¿portugués?) de Contratación pública Electrónica celebrado en Valencia, se vio como muchos abogan por fomentar industrias extranjeras. Hay que fomentar la competencia, pero no a base de que vengan de fuera a echarte sin ni siquiera escucharte. Es verdad que nadie es profeta en su tierra, pero hombre a lo mejor  hay un hueco para la industria nacional, por mérito, no por ser nacional. No discuto el congreso, ojala haya muchos como este. Solo discuto el adjetivo nacional y la imposibilidad de asistir ni como oyente a un congreso nacional.

Un plan nacional de implantación de la contratación pública electrónica

Esta transición  requiere una coordinación mucho más fuerte que lo que hemos visto hasta ahora. Es una incoherencia que el Ministerio de Hacienda y Administración Pública anuncie que va a pedir los datos estadísticos que le demanda la Comisión Europea en Abril de 2017, y lleve 20 años ignorando que la transición requiere alguien al frente que ofrezca seguridad y garantías en las inversiones de todos y cada uno de los organismos del sector público. No tiene sentido que haya iniciativas personales como la comunidad de contratación pública y no haya una iniciativa institucional que permita que estas preguntas tengan una respuesta clara y concisa: ¿Quién está obligado a relacionarse electrónicamente en un proceso de contratación pública?

Un proceso participativo de transición y transformación del servicio

Es una incoherencia tratar de hacer un proceso participativo para implantar la contratación pública electrónica en organizaciones burocráticas y jerárquicas, pidiendo a los agentes que intervienen en el servicio que se motiven para hacer una transformación arriesgada mientras los organismos tienen una cabeza que mira a cualquier sitio menos al interés general. Materializando una de las técnicas de dominación descritas en las patologías de las organizaciones ( “Técnicas de Dominación” formuladas en 1978 por Berit Åhs): el doble castigo. El doble castigo, cuya forma más habitual es darle a una persona la responsabilidad por un proyecto pero no los recursos necesarios.

Una falta absoluta de formación y capacitación de los agentes que tienen que llevar esta transición a buen puerto.

El kaizen español en SINTETIA nos recuerda que no es la primera vez que nos pasa esto de que no hacemos las revoluciones que nos tocan y luego estamos lamentándolo toda la vida.  Pero es una incoherencia que el Estado no organice y coordine los esfuerzos necesarios para hacer esta transición, sobre todo en lo referido a las personas, los funcionarios que tienen que llevarla a cabo. Porque no se trata de entender y utilizar una aplicación informática, la que sea, es algo mucho más profundo y complicado que una aplicación informática.  Es una transformación digital en dos partes. Si no hacemos bien la primera (el formato electrónico) como vamos a hacer la importante (la transformación digital del servicio de contratación…). Y ya ha sido demostrado que se requiere esta transformación, aunque solo sea para evitar los vergonzosos y múltiples casos de corrupción alrededor de este servicio público.

Mi reflexión final

En la cita siguiente:  Para que una inteligencia sea realmente adulta debe tener la capacidad de mantener dos ideas contradictorias en la cabeza simultáneamente.
—F. Scott Fitzgerald,
nos avisan de que tener una contradicción en la cabeza es un síntoma de madurez, así que entiendo por analogía, que tener todas estas incoherencias en la mente de los agentes que gestionan el servicio de contratación pública les hará muy  maduros. No sé si también les hará muy productivos y felices. Ya lo iremos viendo…..

2 respuestas a «Algunas incoherencias en el escenario de la transición a la contratación pública electrónica»

[…] Un poco a colación de esta enorme mudanza, he podido observar un par de posts sobre la contratación (a parte del que escribió aquí Guillermo Yañez). La contratación es un proceso complejo que tiene que integrar, además de sus requisitos técnicos, una importante cantidad de garantías. Su uso como elemento de relación Administración-empresas ha servido para tratar de impulsar la sociedad de la información. Posiblemente sea de los procesos que sufre más estrés normativo para la adaptación digital que manifiesta parte de las contradicciones de estos tiempos. La gente de Contratación Pública Electrónica hace un breve y acertado compendio de estas contradicciones. […]

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