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El cambio cultural del servicio de contratación pública.     

 

En 2018 el plazo se acaba (y antes está el 2 de octubre –San Saturio- de 2016), y lo que hasta ahora ha sido una patata caliente, que los máximos responsables de los organismos públicos han podido soslayar, simplemente posponiendo los cambios de organización (personas y estructuras) y los cambios operativos (tecnologías y procesos) que conllevan la transición al formato electrónico del servicio de contratación y  la consiguiente transformación digital, ahora ya no es posible.

La hora de la verdad ha llegado. Pero no solo por las leyes aprobadas. Yo creo que hay, sobre todo en la contratación pública y debido a los continuos escándalos de corrupción que la sociedad está soportando alrededor de este servicio, un sentimiento de urgencia que no está provocado por el cambio legislativo, sino por el cambio social.

Pero este cambio social que provoca el contexto no provoca los mismos efectos en el sector público y en sector privado. El sector privado “goza” de la destrucción creativa de Schumpeter. Si los organismos privados no se adaptan a la velocidad requerida por el entorno, el mercado los elimina (“momento kodak”). Esa es la cara cruel del emprendimiento. En el sector público, aparentemente no existe la destrucción creativa, no es un proceso habitual, y los cambios cuestan más tiempo y mucho más esfuerzo. Pero se producen.

El cambio es inevitable y va a suceder, con leyes o sin ellas. Jose Antonio Marina nos recuerda La ley de Revans :  «Para sobrevivir, una organización tiene que aprender al menos con la misma rapidez con que cambia el entorno» (también es válida para personas). Y nuestro entorno cambia de forma acelerada y además si los que no cambian impiden el adecuado aprovechamiento de los recursos comunes, entonces, más pronto que tarde, se producirá una ruptura.

Todos los órganos de contratación tendrán que gestionar un cambio (cambiar no es igual que mejorar) y lo tendrán que hacer con las personas que forman el servicio de contratación. Quieran o no.

Como todos los cambios, el cambio de la cultura organizativa, también tiene que ser dirigido y gestionado. No es fácil, porque no hay procedimiento que seguir para hacer estos cambios. Nadie sabe cuál es la mejor forma de hacer estos cambios en un organismo concreto, porque no los han hecho nunca antes. Los que pueden saber hacer estos cambios los han hecho en otras organizaciones, y pueden tener buenas ideas o buenas aproximaciones sobre cómo realizar estos cambios, pero en ningún caso tienen la receta. Ni las organizaciones, ni las personas, son el ingrediente de ningún plato. Tienen vida propia y un carácter, o idiosincrasia, que normalmente está condicionado por el carácter de sus líderes y responsables.

Creo que en el caso de los organismos públicos, la sustitución de los responsables (políticos) no son los únicos que influyen, los líderes naturales o jefes administrativos también marcan, a veces mucho más, la idiosincrasia del organismo.

Si los líderes y responsables quieren y colaboran en este cambio que tenemos por delante, éste puede ser positivo tanto para la organización –estructura-  como para las personas. Si es un cambio impuesto y las personas se oponen, todas o algunas, el cambio será negativo y no conseguirá el propósito que se busca: adecuarse al contexto para seguir proporcionando valor (la esencia de cualquier organización).

La colaboración y la cooperación necesaria se provoca y se apoya, desde la idiosincrasia propia del servicio de contratación. Y esta idiosincrasia, este carácter, lo forman fundamentalmente los líderes  y los máximos responsables del servicio. Los que tienen autoridad y poder respectivamente.

La clave del cambio en las organizaciones está en hacer este cambio en cooperación con las personas, no contra ellas. Pero esto no siempre es posible, sobre todo si la autoridad (líderes) y el poder (responsables) no se ponen al frente de estos cambios.

Las personas inteligentes (lideres o no) tendrán que entender esta situación y aprovechar el cambio para mejorar (aprendiendo), individual y organizativamente.

Suerte con los cambios, paciencia y mucho amor entre las personas de buena voluntad que intervienen en la contratación pública y mantengan todos el ritmo de aprendizaje que marca el contexto.  Bienvenidos al mundo digital…

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