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Los datos de la contratación pública.

La evolución de nuestras sociedades se debe fundamentalmente a la capacidad que tenemos de utilizar tecnologías para solucionar los problemas del entorno. Y esta tecnología se basa siempre en la utilización de datos que nos permite avanzar más o menos rápido hacia la mejor solución:

“el tío que inventó la rueda era un idiota, …

el tío que inventó las otras tres sí que era un genio!! “

Estos avances no son lineales. De hecho, todos sentimos que se están acelerando hasta el punto de que no somos capaces de adaptarnos, ni individual ni institucionalmente, a la velocidad constantemente acelerada de los cambios.

La contratación pública es un servicio que mueve el 20 % del PIB en Europa. Con  los datos (todos y en formato digital y accesibles) que genera este servicio se podrían definir políticas, ajustar y mejorar gastos, y promover la sostenibilidad del sistema. Es decir, se podría promover tanto la productividad del sector público como la competitividad del sector privado.

Y esa es la razón que en 2010 provocó que la Comisión europea promoviera la modificación de las últimas directivas de contratación de 2004. No se iban a conseguir, por una mala regulación de las directivas, los objetivos de Manchester de 2005: «en 2010, como mínimo el 50% de toda la contratación pública que rebase el umbral de contratación pública de la UE se lleve a cabo por medios electrónicos».  

No se trata de generar más o mejores leyes (directivas y sus transposiciones), sino de utilizar más y mejores datos de la actividad económica y social del servicio de contratación pública.  Siete años después no hemos avanzado mucho en la generación de un mercado único de contratación pública electrónica.

Y ciertamente es muy importante. En un reciente artículo en The Economist se habla de la emergente economía de los datos, y en esta entrada del blog salmon se habla de que hay que regular la “data economy”.

Mientras, seguimos enredados en disquisiciones jurídicas alrededor de la contratación pública electrónica en vez de centrar el problema en cómo conseguir obtener datos útiles y utilizables desde este servicio. Sin olvidarnos de quién los consigue y para qué…

La contratación pública mueve el 20 % del PIB y subiendo. Esto significa dos cosas:

  • Las autoridades que piensan en el bien común, quieren conocer:
    • que está pasando con el gasto en tiempo real ,
    • que sectores están en un mercado bien regulado
    • que sectores están deprimidos.
    • Como pueden legislar o regular para favorecer determinadas políticas.
  • Las autoridades tienen que regular:
    • Que los datos no sean conocidos por ningún operador o institución que falsee la competencia.
    • Que los datos no sean utilizados (Data Science) en contra de los intereses de la Unión Europea o de alguno de sus miembros.

Todo esto nos lleva de nuevo a las arquitecturas de los sistemas de información.

«El diseño de cualquier sistema de información es una réplica de la estructura de poder de la organización que desarrolla este sistema».  La estructura de poder de la Unión Europea, y de bastantes de su estados, es la descentralización.

Y que pasa entonces con la arquitectura de la contratación pública electrónica. Pues no se está adecuando a esta arquitectura descentralizada de poder en muchos casos.

¿Cual debería ser esa arquitectura?

El Sr. Yuval harari, en su libro “Homo Deus: breve historia del mañana” sintetiza los sistemas político-sociales de una forma muy resumida:

  • Los sistemas comunistas se caracterizaron por centralizar la información y sus procesos. De esta forma las decisiones sobre casi todo eran decisiones centralizadas. Pero dado que cuesta mucho tener los datos en el tiempo y la forma adecuada para tomar las decisiones, los sistemas comunistas no soportaron la competencia de los sistemas capitalistas.
  • Los sistemas capitalistas se caracterizan por descentralizar la información y sus procesos. De esta forma las decisiones están mucho más repartidas. Y las decisiones son mucho más rápidas y sobre todo son mucho más aceptadas y compartidas por los agentes encargados de ejecutarlas.

Dado que las decisiones y el proceso descentralizado de la información han sido mucho más eficientes, el sistema capitalista descentralizado ha obtenido mejores resultados en los últimos tiempos. Es una visión muy simplificada, pero es una visión que en cierto modo ha sido avalada por los acontecimientos históricos. Y no por tener mejores datos sino por tener personas comprometidas con la ejecución y el resultado de las decisiones.

Pero ahora con los datos como combustible económico y de diseño de las estructuras de poder, en un entorno globalizado e hiperconectado, la cosa puede cambiar.

Y ¿a qué puede cambiar?.

Los datos hasta ahora han sido muy difíciles de recolectar y procesar de forma óptima. Ahora con la Globalización y la hiperconectividad los datos se recolectan y se distribuyen de forma óptima y la sombra del Gran Hermano o el Pequeño Hermano está empezando a tomar cuerpo. Acompañados de las correspondientes tecnologías: Machine learning, Deep learning, Big Data, Data Science, Inteligencia Artificial, blockchain (atentos a esta última)…

Y la contratación pública….

Mueve el 20 % del PIB y si tenemos toda la información disponible y aplicamos técnicas como las que se han comentado de forma adecuada, podremos conocer el resultado de aplicar las políticas de estados y empresas de forma clara y precisa incluso mucho antes de que dichas políticas se ejecuten.

¿Es eso lo que queremos?

No lo sé. Probablemente no. O mejor dicho, queremos conocer los datos para apoyar la economía del bien común y hacer prevalecer los valores de sostenibilidad, merito, …. . Y en cualquier caso lo importante es saber lo que queremos conocer y discernir entre lo que aparentemente vamos a obtener y lo que terminaremos obteniendo.

Y entonces… ¿cual es la arquitectura que debe dar cuerpo a los sistemas de información que soportan y dirigen la contratación pública electrónica?

Tampoco lo tengo claro, aunque sí tengo alguna idea. Pero estoy seguro de que esta pregunta requiere mucha reflexión, mucha información y mucho coraje político y social bien explicado (no nos lo va a resolver nadie que no seamos nosotros mismos), mucho más allá de lo que se ve últimamente por estos lares.

El caso de las plataformas.

Las plataformas están de moda y tienen su lógica. En un comercio entre empresas y consumidores, los consumidores ofrecen parte de sus datos para no tener que utilizar o implantar sistemas de información personales.

En el comercio entre empresas (al que pertenece la contratación pública), la utilización de plataformas ya no es tan óptima. Todas las organizaciones tienen sistemas de información y en general no quieren que haya una organización que pueda tener o comerciar con sus datos, ni siquiera aunque esta organización sea pública, y mucho menos si es privada.

El plan nacional de implantación de la contratación pública electrónica.

Debería de tratar todos estos temas, que yo creo son importantes. No porque lo diga la Comisión Europea, sino porque la velocidad a la que se mueve todo, debería de obligarnos a nosotros, a estar preparados para adaptarnos a cualquier forma que tenga el futuro.

Como no estoy seguro de que haya instituciones o personas al mando velando por estos asuntos, ¿alguien sabe si hay alguna institución preocupada por todo esto? O ¿es mejor ir preparándose (no sé cómo) para el peor de los escenarios?

En resumidas cuentas.

Los datos son el nuevo combustible, pero en la contratación pública no están disponibles porque no hay una arquitectura que permita extraerlos en tiempo y forma (faltan decisiones).

Tenemos que pensar que arquitectura es la idónea porque la tecnología nunca es neutral (ni los que la manejan son almas de la caridad) y puede que acabemos arrepintiéndonos por no tener en cuenta las consecuencias de nuestras decisiones o de la falta de decisiones.

Las consecuencias

Las tecnologías se aplican de forma desigual en el sector privado y en el sector público.  Y eso sigue produciendo desigualdades y un constante flujo de recursos que son mejor aprovechados en el sector privado o lo que es lo mismo, despilfarrados en el sector público, en beneficio de las élites extractivas…

¿Cuánto tiempo puede mantenerse este ciclo de trasvase de recursos de un sector a otro teniendo en cuenta que los desequilibrios sociales aumentan con cada ciclo? No lo sé. Pero si tuviera datos estoy seguro que tiene que ser una fórmula fácil de entender…aunque probablemente no nos gustara conocer los resultados.

 

 

 

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