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La transición a la contratación pública electrónica en pocas palabras.

 

 

No es fácil, pero tampoco es un arco de iglesia.  La transición a la contratación pública electrónica la pintamos a veces como algo que nos va a costar mucho y que va a ser muy difícil.

Yo creo que la dificultad real es la de la coordinación, la de comunicar muy bien y en el momento adecuado, a las personas adecuadas,  los por qués, lo qués, y los cómos.

Pero estoy convencido de que cualquier administración pública española tiene la capacidad de realizar el servicio de contratación pública en formato electrónico y que cualquier empresa española, tiene la capacidad de realizar la relación electrónica que le pida la administración (acceso a los anuncios y pliegos, oferta, contrato, pedidos y facturación) en formato electrónico.

Entonces ¿dónde está el problema?. En la coordinación de todas las partes, de todas las tareas, y en establecer un objetivo muy ambicioso (y que sea posible) que pueda poner en marcha TODAS las voluntades.

La transición.

La transición a la contratación pública electrónica tiene dos grandes áreas de coordinación.

–          La relación electrónica que debe de producirse entre el comprador (el sector público) y el mercado (las empresas). Esta relación ya tiene estándares (CEN BII) que deberían usarse. Lo que no tiene todavía es un procedimiento y una arquitectura totalmente definidas y aceptadas (OpenPeppol).

–          El formato electrónico de las actuaciones del comprador. Es decir el expediente el documento y la firma electrónica de todas las actuaciones previas y las propias del proceso de compra (con sus expedientes contables), extinción y archivo del expediente de contratación

No tiene más. (ni menos)

La complejidad.

Pero algo tan simple se puede complicar, y no necesariamente por la tecnología, sino por las decisiones que se tomen.

  • Si no utilizamos los estándares o no tenemos en cuenta que los proveedores tienen que hablar con nuestra administración y además, con todo el sector público europeo de la misma forma, la equivocación es muy grande, muy costosa y puede producir un desánimo difícil de superar.
  • Si tratamos de automatizar todos los procedimientos sin conocer las características del formato electrónico, normalmente generaremos un “engendro” que no será capaz de proporcionar la agilidad y la velocidad propia de la gestión en formato electrónico.

 

La coordinación.

Este es el problema real.  Cualquier administración puede hacer muchas cosas por sí misma pero cuando hablamos de un mercado único y de herramientas de tecnología que lo habilitan, hay que coordinar los esfuerzos, y construir un mercado único, no “nuestro mercado”.

Personalmente no creo que la centralización sea la solución. La centralización puede ahorrar costes (que también lo dudo mucho), pero la transición a la contratación pública electrónica no es un problema de costes, es un problema de trasformación, de aprendizaje, de entender los nuevos formatos y sus herramientas, y la peor forma de hacer la transición es centralizar, porque la centralización ahoga la iniciativa y la motivación necesarias para aprender. Y en la contratación pública electrónica hay mucho que aprender: las administraciones y las empresas.

Pero es que además, los estándares permiten centralizar la información (para diseñar políticas públicas), y generar un ámbito donde la operativa sea interoperable y sostenible (la centralización no es sostenible y además suele evolucionar mal porque no favorece la innovación).

Mi reflexión

La coordinación se puede producir de forma natural o de forma organizada. La Comisión Europea pide que se organice, pero para organizar la transición óptima a la contratación pública electrónica, el tema, al menos debería de estar entre las preocupaciones de la clase política. Pero no lo está ni por asomo. Parece que ya han decidido que esta transición es un problema técnico.

La coordinación no deben ser solo recomendaciones y dirección, también habría que establecer homologaciones para que las soluciones de contratación electrónica no generen segmentación tecnológica. Lo que hay ahora. Esta homologación debería ser la piedra angular de la coordinación entre Estados que requiere la Comisión Europea.

La transición pues, no es un problema técnico. Nada más lejos de la realidad. La tecnología solo es un habilitador, todo lo demás es  un tema político, de futuro: de productividad y competitividad, de acceso público, de transparencia, de concurrencia, de rendición de cuentas, de políticas públicas, de profesionalización del servicio …..

 

 

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